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jueves, 18 de febrero de 2010

El trasfondo de lo cotidiano



He aquí mi selección de minificciones y haikus de Manel Pérez Báñez. Como siempre ha sido una hermosa experiencia repasar su poliédrica producción artística llena de imaginación, talento y sensibilidad.

Desde mi punto de vista, lo que hace especiales los textos de Manuel, es la búsqueda permanente de lo universal en lo cercano y lo común en lo universal. Tal es así que nos descubre que los ángeles no son muy distintos a nosotros, en sus defectos y carencias; o las mariquitas hacen las veces en su literatura de símbolos de nuestra vida humana.
Todo unido a una prosa sencilla y familiar, que explora en los rincones de lo cotidiano en busca de significados y respuestas profundas del alma.

Para decirlo con una metáfora, Manuel pinta grafitis en los abismos de lo cotidiano.

Y para muestra, estos 15 botones.

Nota y selección de Rafael Vázquez.

Crónicas desangeladas 78
En el diván del psiquiatra un paciente dice sentir como baten sus alas tatuadas en la espalda.
‒El cosquilleo no me deja dormir ‒le confiesa.

Crónicas desangeladas 1
Era un secreto a voces: los ángeles son engendros biológicos fruto de la cópula entre Leda y un cisne.

Crónicas desangeladas 2
Perseo era un ángel transgénico: sus alas le crecieron anómalamente en los pies.

Crónicas desangeladas 12
Los ángeles se reproducen por clonación espontánea: de ahí el parecido que tienen unos con otros.

Crónicas desangeladas 18
En otoño, los ángeles mudan de alas. Mientras tanto andan desangelados y mezclados con los humanos. En este periodo es cuando más vulnerables son a las tentaciones de la carne.

Crónicas desangeladas 25
En luna llena aúllan los ángeles.

Crónicas desangeladas 29
Los ángeles ‒como los peces en el agua‒ dejan rastros invisibles en el aire.

De Ensayo sobre la ceguera IV
Sólo una cosa pide el ciego a su ángel de la guarda: que tenga mucho tacto.

Razones inversas
Si el sueño de la razón produce monstruos, el sueño de los monstruos producirá medias, terceras y cuartas razones.

Mariposas I
Alrededor de la lámpara
las mariposas de la noche
describen órbitas suicidas.

Las malas lenguas
Alguien dejó correr un falso rumor entre las caracolas.

Incendio bajo la lluvia
Compró un paraguas rojo. Era así como ella incendiaba al mundo.

Haikus

Trigal sombrío
trae el viento un disparo
al corazón

Silencio roto
por un perro que ladra
luces del alba

Un soplo de aire
ha apagado la vela
y tu luz, madre.

Imagen: Carnaval en las montañas de Paul Klee

lunes, 8 de febrero de 2010

El jardinero, la flor y el tuit (cosecha de Rafael Vázquez)

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Rafa o lo que es lo mismo, nohubounavez, para mí es un misterio. Tiene la vocación de un naturista y la paciencia infinita de un jardinero zen que cuida las palabras, las mima, las abona y las poda con la meticulosidad de un cirujano hasta encontrar la flor perfecta, la armonía perfecta. Le veo labrando surcos alrededor de las ideas, circunvalándolas para no dejarlas escapar como hacen en los jardines zen alrededor de las piedras. Le veo fabular y confabular con infinita paciencia en los recovecos de twitter o facebook, componiendo y recomponiendo las palabras como notas de una sinfonía polifónica hasta dar con el sonido exacto. Por ello creo que es el mejor, el más auténtico y creativo de todos los que nos dejamos caer o seducir por el ficcionario y la magia de las palabras, los cuentos, las minificciones, ... En mi incursión por su inmenso vergel de injertos y sonoridades, sólo he podido traer estas pocas flores y porque no me cabían más, las más frescas...

—La capa de polvo del maniquí no está en venta—le dijeron. Desde entonces confecciona un traje a su medida hecho de telarañas y olvido.

Los relojes crecen por dentro de las paredes de la casa. A veces ya no hay reloj y su tictac continúa palpitando en los rincones.

En mitad de la noche, mientras las manos buscan algo conocido para saber que todo sigue ahí, quién puede asegurar que no se ha muerto

De las propiedades de los números derivan las matemáticas. De los atributos y relaciones de las letras, surgen todos nuestros pensamientos.

Origami de rosas. Las espinas, en su papel, pinchan al plegarlas.

Es peligroso rodearse de cristales: engañan a los ojos. Sentimos algo pero no vemos el vidrio, la sangre, todo oscurecerse.

Hablamos de los caminos por donde andan nuestros pies. Yo hago caminos en las cosas con mis manos para los recorran otras manos.

En el espejo, a la mañana, me veo desde el cristal en vez de verme desde mis propios ojos. ¿Quién sueña aún: yo, el espejo, o Dios?

Libros: álbumes de miradas.

lunes, 24 de agosto de 2009

Sirenas



Hubo un movimiento generalizado de pánico en el barco que a poco hunde la embarcación, debido a que nadie, ni siquiera el capitán del navío, esperaba encontrar a las temibles sirenas en esas aguas y menos aún en esa ruta.

Mientras el barco se acercaba inexorable a las proximidades del arrecife de rocas donde moraban las fabulosas mujeres con cola de pez, sin posibilidad de cambiar el rumbo a tiempo como para no escuchar sus cantos, todo tipo de imágenes horribles acudía a nuestros ojos y memoria mientras echábamos mano de nuestros recuerdos colectivos para intentar salir indemnes del, de todo punto, imprevisible contratiempo.

Nos apresuramos a atarnos unos a otros con complicados nudos a las arboladuras y trinquetes de la nave, a acomodarnos improvisados protectores acústicos en los oídos, a dañarse, los más asustados, tanque y yunque para poder salvarse de la irresistible tentación sonora.

No caímos en que llevábamos años saturando nuestros ojos de todo tipo de imágenes sensuales, nuestros oídos con decibelios de sonidos que exploraban nuestros tabúes mas profundos. Cómo imaginar que todo eso nos había ido haciendo, lentamente, insensibles a cualquier tentación natural no tecnificada por mucho que esta se hubiese ido perfeccionando generacionalmente durante miles de años.

Y cómo no pensar, después de todo, pensábamos mientras el barco se alejaba e íbamos dejando atrás a las esforzadas sirenas, que cualquiera de nosotros había asistido a lo largo de su vida a decenas de espectáculos más llamativos.

domingo, 23 de agosto de 2009

Ciudades



Se escucha un grito estremecedor en la noche en algún lenguaje familiar al vello y la epidermis. Me asomo a la ventana, durante varios largos minutos rasgan, el silencio de la calle vacía, voces temerosas, carreras apresuradas, rechinar de neumáticos que huyen pero que los ojos no ven.

En los días que siguen los diarios y noticieros locales no realizan la más mínima alusión a lo sucedido.

Incapaz de conciliar el sueño, las noches siguientes observo, desde la ventana de la habitación, la orografía de la ciudad a esas horas: calles que se adentran en la oscuridad, espesas sombras que se aprietan contra las islas de luz de las farolas, el gato negro que aparece y desaparece en lo desconocido jugando con las confusas perspectivas.

No puedo dejar de pensar que cada ciudad alberga dentro de sí otras ciudades paralelas, igualmente contaminadas, infestadas de gente con vidas igual de inútiles y absurdas que las nuestras; cómo explicar si no los gritos sin boca, las voces conocidas procedentes de calles inexistentes, el rumor de risas infantiles que hierven en parques vacíos a medianoche.

Ausculto la noche con vasos, con sensores estudio las sombras buscando indicios de otros lados en algún lugar del aire oscuro y de los callejones, tratando de determinar la naturaleza exacta de las voces, pautas inteligentes, posibles respuestas a mis interrogantes susurros.

Entonces, desde el otro lado de ningún sitio escucho un rumor, algo parecido a una voz humana que de pronto pregunta, trémula y nerviosa, si hay alguien ahí. No puedo evitar dejar caer el vaso al suelo, gritar, gritar en la oscuridad, y correr, mientras comprendo, sé con certeza ahora, que ese grito habrá despertado a alguien como yo que buscará noticias sobre mí a la mañana siguiente en los diarios de esa otra ciudad.

Ouija

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Perdimos contacto definitivamente con los difuntos. Dijeron que no podian estar seguros de que no fuéramos en realidad ellos mismos preguntándose y respondiéndose a sí mismo, a sus propios miedos, a alguna parte de su oculta naturaleza. Y después de decir esto no volvieron a entablar contacto más con nosotros.