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domingo, 20 de junio de 2010

Justo a tiempo



—Te voy a matar —dijo Jacinto; giró sobre sí mismo y recorrió el gran círculo que abarcaba casi toda la habitación buscando algo con qué golpear a Susy. La mujer, que adivinó el movimiento, supo que la expresión vidriosa, sanguinaria y a la vez recelosa de Jacinto indicaba que no era una broma, que realmente se disponía a matarla. Habían llegado al final del camino. Encontró una tijera sobre la cómoda, la aferró con la mano derecha y enfrentó a su esposo jadeando. Él consiguió un florero estirando el brazo izquierdo con un movimiento salvaje, perturbador... En ese mismo momento se abrió la puerta del ropero. René, el andrógino bisexual, amante de Jacinto y Susy, salió empuñando una pistola en miniatura, tan diminuta que parecía uno de esos cuernitos que venden en las panaderías. No dijo nada. Simplemente disparó. Estaba harto, o harta, de ambos. Jacinto no llegó a ver la muerte de Susy. Susy, en cambio, llegó a tiempo para evitar que el florero se hiciera añicos contra las cerámicas del piso. Era un Ming, auténtico, pueden creer lo que les digo.

sábado, 19 de junio de 2010

Inutilidad



El terreno alrededor del laboratorio humeaba como si la sustancia gelatinosa hubiera entrado en combustión espontánea. Los dispositivos de la red informática habían iniciando una reacción en cadena y el humo que se desprendía del plástico quemado tenía un aspecto siniestro. Harley, por razones que no entendía, había caído en ese lugar desde algún otro, situado a mucha altura, pero aunque era sapo de otro pozo, adivinaba que la situación era de suma gravedad. Si estos imbéciles han iniciado una reacción en cadena y no la logran detener, reflexionó, la seguridad de todo el continuo espacio-temporal está en riesgo. ¿Hasta dónde llegará? Era un pensamiento melancólico, aunque no por ello menos realista. Junto al laboratorio habían aparecido cinco grandes grietas y por las fisuras brotaba un líquido que se difundía con rapidez, corroyendo vorazmente todo lo que se interponía en su camino. Harley oyó un redoble sordo y persistente bajo sus pies, como si la explosión de los materiales desconocidos que se habían acumulado debajo de la superficie hubiera incitado a una criatura colosal y enfermiza. El cielo se oscureció. Y esta microficción dejó de tener sentido porque no quedó nadie para leerla sobre el planeta, o por lo menos en ese plano de realidad.

Apuesta



Subió los escalones con decisión y nos dio la espalda. Las plumas estaban sucias. El portero le dijo algo, pero no podíamos oír las palabras por culpa de la distancia. Siempre la culpa. Al principio pudimos ver que estaba tenso, aunque luego pareció relajarse; empezó a moverse y metió una mano, la izquierda, en el bolsillo. Luego retrocedió tres pasos y sacudió la cabeza. Apunté con cautela y disparé. Le di entre las alas, que se tiñeron de verde casi de inmediato.
—Dame mis quinientos —dije extendiendo la mano.
—Ni siquiera cayó al suelo y ya estás reclamando la plata, ¡roñoso! —Sofía metió la mano en el bolso y sacó los quinientos. Me los dio como con asco.
—¿Es un vegetal? —dijo Marco frunciendo el ceño.
—¿Por? —Para mí era irrelevante a qué reino pertenecía.
—La sangre, es verde.
—No es sangre, idiota —escupió Sofía—. Este mata a un ángel sin que se le mueva un pelo y vos suponés que es un vegetal. No sé por qué me acuesto con ustedes.
—No es un ángel —dije—. Si lo fuera no habría muerto.
—No morí —dijo Bruno levantándose y viniendo hacia nosotros—. No soy un ángel, pero tengo sangre verde. ¿Es importante?
—Es irrelevante —dije. Vacilé un momento y le devolví los quinientos a Sofía. Ella ni me sonrió.

domingo, 27 de diciembre de 2009

Seis brevísimos marcianos

Ineptitud
A los marcianos sólo les interesaba el agua de la Tierra. Por eso nos invadieron tantas veces. Bueno, en realidad nos invadieron muchas veces porque nunca trajeron suficientes baldes, jarras y palanganas.

Una invasión encriptada
Los marcianos de sangre verde, enemigos de los de sangre amarilla, fueron los protagonistas de las 87ª invasión. Resultó una experiencia terrible, ya que cada marciano ocupó el cuerpo de un terrestre y ni nos dimos cuenta.

La invasión por el éter
Cuando la gente se empezó a suicidar, Herbert Wells lo llamó a Orson Welles y le espetó.
—¿Qué hacés, loco? ¿No te das cuenta que este material no es para cualquiera?
—Justamente, por eso, HG, justamente por eso.

Un fracaso marciano que no quedó registrado
El 28 de diciembre de 2028 se produjo la 54º invasión marciana, pero nadie se dio cuenta porque se utilizaron naves invisibles. Eran tan perfectas que tampoco los marcianos las veían y las destrozaron chocándolas entre sí.

El último fracaso
Los marcianos decidieron no volver a invadir la Tierra el día que murió Ray Bradbury.
—Si no lo logramos hasta ahora —dijo el jefe de la expedición—, ya no lo lograremos.

El último fracaso, esta vez de verdad
Los jefes de la tercera invasión marciana desertaron al descubrir que todos sus parientes muertos ocupaban lugares claves en casi todos lo gobiernos de la Tierra. Hasta Bin Laden y el Papa eran marcianos.

lunes, 14 de diciembre de 2009

Tres micros de Sergio Gaut vel Hartman

Asedio
—Esa dama me acosa. —Es tu primera vez, ¿verdad? —dijo el alfil contemplando con afecto al joven peón—. Ya te acostumbrarás.

Aviso Clasificado
Vendo planeta habitado. Excelente estado. Oportunidad única. Línea directa 34672732367.

Náufragos
Odiseo de Itaca, Lemuel Gulliver, Róbinson Crusoe y Tom Hanks naufragan en la misma isla. Se llevan pésimamente mal, hasta que logran coincidir en algo.
—¡Truco!
—¡Mus!
—¡Jaque mate!
—¡Las cuarenta!

viernes, 26 de diciembre de 2008

Karma

Dick escribe sus ficciones a la carrera, mientras huye de los fantasmas que va creando.

Justicia sin poesía

Lo ideal sería comprar abogados por lo que valen y venderlos por lo que ellos creen valer, aunque eso no impedirá que se queden con todo el beneficio de la transacción.

Estado

El escritor era un enigma para los médicos. Técnicamente estaba en coma, pero en realidad se debatía entre varios estados: punto y coma, puntos suspensivos, dos puntos... Nunca aprendió las reglas de puntuación.

Colapso

— Buena crisis — dijo Clarke—; el fin de la infancia.
— Un fiasco —replicó Lem.
— Un laberinto mortal —apoyó Dick.
— Se equivocan —refutó Sturgeon—. El hombre, a partir de ahora, será más que humano.

miércoles, 24 de diciembre de 2008

Van Gogh

A partir del episodio de la oreja, muchos pensaron que se harían famosos mutilándose. Pero sólo unos pocos supieron dónde cortar.
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El apocalipsis según Ballard


El tiempo se hace arena y sumerge las ciudades.

Sergio Gaut vel Hartman

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Imagen extraída de Cuandodespertoeldinosaurio