sábado, 17 de julio de 2010

Cuchicheos al amanecer

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Desperté un poquito más aletargada que otras mañanas. ¡Qué alivio! Las cucarachas que soñé por la noche no estaban ahí. Me puse de pie y sentí un ligero mareo. Caminé a duras penas hacia el baño y desde la puerta vi algo que me despertó por completo: más de veinte cucarachas bajo la regadera, como haciendo un semicírculo, hablando de quién sabe qué. Entré, e hicieron silencio. Yo hice como que no las veía. Ellas apenas se movieron, como si yo no les importara. Me lavé los dientes mirándolas de reojo, me sequé las manos en una toalla que igual que el día anterior, estaba húmeda. Por qué no habré comprado un insecticida ayer en el súper. Salí ignorándolas por completo, pero apenas cerré la puerta tras de mí le pegué el oído y ¡Sí! Las cucarachas cuchicheaban otra vez. —¡Vieron que no la soñé! —Dijo una. —¿De dónde habrá salido? —Yo les dije que había humanos por aquí  —le contestó otra—. Pero no se preocupen, conozco un humanicida lento pero seguro, de uso tópico. Lo derramé ayer sobre la toalla de manos.

3 comentarios:

Javi dijo...

Buenísima esa conjura, Carmen.
Me recordó a "Los otros", pero en cucarachas :-)

Alfredo dijo...

Te he leido y me ha gustado, volveré.
Salu2

carlos de la parra dijo...

Por ésta posibilidad hay que exterminarlas preventivamente,y usar mascarilla al fumigar no sea que acabe fumigándose a uno mismo.