domingo, 4 de enero de 2009

Maestro II

Bernstein acaba de dirigir La Novena. Girándose hacia el público, recibe una avalancha de aplausos desacompasados que atruena en sus oídos. De manera imperceptible, mueve su batuta hasta convertirla en una perfecta y cerrada ovación.

7 comentarios:

Olga A. de Linares dijo...

¡Qué bueno! Me vino a la mente el concierto de Año Nuevo que, en la sede de la Filarmónica de Viena, acaba de dirigir Barenboim...

Juanjo dijo...

¡Genial, Javi!

Una variante:
Bernstein acaba de dirigir La Novena. Girándose hacia el público, recibe una avalancha de aplausos desacompasados que atruena en sus oídos. De manera imperceptible, mueve sus manos y empieza a contar con los dedos: había contado mal, ¡era la Octava!

Javi dijo...

Jajajaja Juanjo, tu desenlace surrealista me encanta, siempre tienes ese toque acertado. Bravo, maestro!.

Javi dijo...

Olga, no te había contestado aún porque he tratado de encontrar el concierto de Año Nuevo de Barenboim. Pero hasta ahora, sólo he conseguido ver un pequeño resumen en un Telediario, donde me enteré de que Barenboim tenía -entre otras- nacionalidad española. Cosa que no sabía y que me resultó atractiva, porque pienso que actualmente es de los más grandes directores de orquesta del mundo.
Me gustaría que me comentaras qué hubo en ese concierto que te recordara la entrada, realmente me resultó curioso cuando lo leí. Una cosa en la que me basé es algo que escuché hace mucho tiempo, y que la simple observación me dice que es cierta: cuando el público de un teatro, concierto, etc. comienza a aplaudir, los aplausos suenan como ráfagas de ametralladora, totalmente desacompasados. Un tiempo después, no se sabe por qué arte de magia, los aplausos se acompasan y suenan como un único y enorme aplauso. Así que solo me hizo falta imaginar unos sutiles toquecitos de batuta del director para provocar este efecto.
Muchas gracias a todos por los comentarios, tan agradables como creativos.

Lola C. dijo...

Javi, en el concierto de este año, al final, cuando sonó la marcha Radetzcky, el público comenzó a llevar el compás con sus palmas, y sorprendentemente, Baremboim los calló, hasta llegar al momento en que consideró adecuada su intervención. A partir de ahí, el públicó respondió a las indicaciones del director casi como un "instrumento" más de la orquesta.
Cuando leí esta mini me pasó como a Olga y también evoqué ese momento.

Olga A. de Linares dijo...

Si, lo que dice Lola es cierto, aunque yo me quedé más enganchada con la sinfonía de Haydn y la "huída" de los músicos, y creo que se me mezclaron un poco las cosas, pero de todos modos vale, porque todo era como de juego, y la música es mágica, ¿verdad?

Javi dijo...

Pues muchas gracias, a las dos, por las aclaraciones. Quizá como el día 1 de enero es día de resaca, en un estado de medio letargo recibí más información de la que yo mismo pensaba de los telediarios, y la imaginación hizo el resto. Gracias a todos por vuestra magia.