sábado, 10 de abril de 2010

Número de suerte



Era el día ocho de agosto de 1988. A las ocho y ocho de la mañana, Octavio leía la página ocho del diario. Había tomado ya ocho tazas de café y podía sentir esa ansia correrle por la sangre. Hoy se cumplían ocho años desde que contrajo matrimonio con Otilia. El día no le podía ser más propicio.

―Cariño, me siento con suerte. Iré a las carreras de caballos y le apostaré todos nuestros ahorros a Octagon, el caballo más prometedor de la octava carrera.

Ella, apacible, le dio un beso en la frente. Y así, sin más, partió él, con una sonrisa a flor de labios y la esperanza tatuada en los ojos.

Pasaron las horas y, a las ocho de la noche, volvió Octavio a casa.

―¿Cómo te fue? ―preguntó ella, llena de afán por escuchar las buenas nuevas― ¿Hemos ganado? ¿En qué lugar llegó Octagon?

Él, sin levantar la mirada, sólo alcanzó a decir.

―Llegó octavo.

Imagen: Horse Race by sb

3 comentarios:

carlos de la parra dijo...

Maravillosa historia de las sorpresas que nos puede dar el comportamiento numérico,el cual sólo es contemplable a toro pasado,pues si analizas el estudio que se le presentaba a Octavio,le hablaba de ochos,y el se fué por el uno.

Zilniya - Microversos - Ecologismo Literario dijo...

Jajajjajajajaja, todos esperando algo increíble, y sólo se cumplió la rutina del 8.

Belisa dijo...

Me encanta, ocho veces me encanta.