miércoles, 30 de septiembre de 2009

Magia



La quiromántica me pronosticó un futuro prometedor. Éxito en los negocios, una magnífica mujer a mi lado y una familia unida y maravillosa.
Pero sabía que sus vaticinios estaban equivocados. Si yo había sido una vez capaz de confundir al polígrafo, estaba claro que también podía engañar a una vidente con las líneas de mi mano.

A merced del oleaje



Cuando los guías llevan a los turistas a visitar las pirámides cada mañana, tienen que consultar con el instituto meteorológico para saber cómo soplaron los vientos de la noche. Entonces, sobre el mapa realizan complicados cálculos con regla y compás, y sobre el terreno utilizan sextantes.
Dependiendo de la dirección del viento, las arenas del desierto se han movido como las olas del mar durante la noche y las pirámides, al compás de éstas, podrían aparecer hoy en cualquier lugar.

jueves, 24 de septiembre de 2009

Hora punta

―Ladran, Sancho. Señal de que avanzamos.
Pero Sancho sólo murmuraba garabatos. El tráfico era intenso y ya estaba harto de los bocinazos de los demás conductores. Definitivamente no se habían movido ni un centímetro.

Siniestro

―No tienes derecho —dijo la asistente.
El Dr. Frankenstein se vería obligado a esperar por un pie izquierdo para concluir con su obra secreta.

domingo, 20 de septiembre de 2009

Absoluto

Reinaba un silencio mortal y autoritario. Los aldeanos, descontentos, murmuraban planeando un magnicidio.

Edades

Las hojas amarillas son las canas de los árboles.

Tempus fugit

Era un reloj frustrado. Decía que había perdido el tiempo metido toda la vida dentro de aquel cajón.

Médula periodística

Era un artículo con problemas de columna.

viernes, 18 de septiembre de 2009

Experiencia

Los papiros que hablan de faraones y pirámides saben más por viejos que por papiros.

Inadaptados

En otro planeta podríamos vivir en ciertas condiciones de adaptación. No ver la luna, sin embargo, produciría un enorme trastorno emocional.

Territorio onírico

Hay un lugar donde habitan los sueños. La mayoría lo abandonamos al amanecer, otros siguen sumergidos en él a cualquier hora del día.

Reciprocidad



Ayer se marchó. Me dejó de la noche a la mañana, sin darme ninguna explicación. Porque así es ella.
Imagino que debió levantarse muy temprano. No noté su ausencia hasta que extendí mi brazo izquierdo para rodearla, como he hecho cada día que hemos despertado juntos.
No fue muy explícita en su despedida. Tan sólo me dejó una corbata que había comprado para mi próximo cumpleaños, y una nota: "No olvides el mío".
Faltan también pocos días, y ella sabe que mis regalos siempre han estado a la altura de sus caros caprichos.

jueves, 17 de septiembre de 2009

Biblioteca animada



Cuando los personajes de las novelas de la biblioteca tomaron vida, mi casa se convirtió en un auténtico teatro. Cada uno declamaba sus diálogos sin apercibirse de que los demás hacían lo mismo. Cientos de voces se entremezclaban y resultaba totalmente insoportable.
Eso ocurrió durante semanas, hasta que al fin fueron acabando sus intervenciones. Entonces permanecieron callados. Ocupaban bastante espacio y era algo incómodo compartirlo con ellos, pero terminamos por organizarnos bien.
Los verdaderos problemas comenzaron cuando el resto de los libros comenzaron a animarse. De los de arte chorreaban pinturas y caían piedras. Los de botánica echaban raíces difíciles de eliminar. Los de aritmética recitaban tablas y los de química desprendían un desagradable olor a reacciones sulfurosas.
Pese a todo, lo peor estaba aún por llegar. Entonces le tocó el turno a las enciclopedias. Nunca antes me había puesto a pensar las de cosas catastróficas que contienen en su interior.

lunes, 14 de septiembre de 2009

Vacíos



Discutieron y regresaba a casa sin dejarse acompañar por él. Era de noche y había bebido mucho, tanto como para descoordinar sus movimientos y sus ideas.
De repente y de manera estúpida, al pasar por encima de la playa, subió y echó a correr sobre la balaustrada baja de granito, no más ancha que tres palmos. Abajo, a más de quince metros, una orilla de piedras y cantos de río reflejaba brillos en una noche de poca luna. Tropezó y cayó al vacío. Hacia adentro, por puro azar.
Al día siguiente despertó con un enorme dolor de cabeza. Sentía vértigo, un vértigo que no curó ni el paso del tiempo, ni las visitas al médico. La sensación de que caía hacia afuera, borracha y fuera de control, le iba a durar ya para siempre.

Imagen: V. Ivanovski, vía 2001photo.com

domingo, 13 de septiembre de 2009

Serie hexagonal



El seis es un número que suele pasar desapercibido.
La mayor parte de los mortales nos amparamos en la seguridad de los siete colores del arcoiris, nos asustamos bajo la influencia de los martes o viernes trece, o anhelamos una simple (pero casi improbable) escalera real jugando al póquer. Pero la naturaleza nos muestra la sabiduría de la abeja al elegir el hexágono como forma ideal para construir sus panales, la lógica nos hace pensar que el universo se creó en seis días y el criptoanálisis nos revela la serie de tres seises como el número de la bestia...
Seis es, además, un número redondo, pleno. La cantidad perfecta de palabras necesarias para escribir pequeñas minificciones y/o tuits, como siempre, en comentarios. Y ahora, ¿quién se negaría ante estos argumentos?



Oriana Pickmann

Transplante: Tus latidos se volvieron míos.

Fulminante: Tenía una pena de muerte.

Las mariposas de mi estómago volaron.

Gastronomía: El arte de comer estrellas

Insuficiencia cardíaca: No puedo quererte más.

El lobo es vegetariano, Caperucita miente.

Un bosque inconcluso es un bosquejo.



Manuel Pérez Báñez


Hondos suspiros como raspaduras del alma.

En la luz no busques sombras.

Seis palabras para decirte "Te quiero"

Cada piedra es una idea embalsamada.



Carmen María Hernández


Para despertar necesito abrir las manos.

El espejismo ágil tiene rápidos reflejos.

Tierra: palabra fértil para las canciones.

La palabra adiós: un ave migratoria.

Paso que doy, miedo que pasa.

Yo inmóvil. La luna mirándome inquieta.



Miguel Ángel Dorelo

Después de todo, la nada absoluta.

Me aferro desesperadamente; aún sigo cayendo.

Refugios: tu escote, también tus ojos.

Si me comparas adecuadamente, soy normal.

Te pido perdón por tus errores.



Javier López

Cuando despierto, mis sueños siguen soñando.

Estoy lleno de un vacío insoportable.

El personaje llevaba impresa su historia.

—¿Se puede?
—Mal momento. No estoy.

Entre las multitudes no me reconozco.

El misterio de la frase incompl

Quise ahondar en ti.
—Bisturí —solicité.

Hoy enterraron a mi amigo imaginario.

Sigo vivo. Caronte no tenía cambio.



Ikal Bamoa


Embotellamiento. Mi vida avanza, yo no.

Paciencia. Tenacidad de girasol. Te espero.

Vienen cuatro jinetes. Meto quinta, sonrío.

Metrópoli. Crecemos como metástasis. Lo somos.

Ruinas. Nuestras huellas relatan nuestro futuro.


Rafael Vázquez


Te perdí, me perdí para encontrarte.

Biblioteca: un jardín botánico de pensamientos.

No está hecho polvo, es así.

En el cielo hay estrellas repetidas.

Yo hablaba solo. Tú escuchabas sola.

Los niños ven en dibujos animados.


Claudia Sánchez

Nadie podrá negarse ante tus argumentos.

Quieres minificciones sobre hexágonos o biográficas?

Autobiografía en seis palabras: misión imposible.

Hoy ya es tarde. Mañana vuelvo.


Cruciforme Ex Ox
¿Estás solo?, oyó en el ataúd.

Zilniya
La imaginación es realidad en proyecto.

Grillo Gutz
Muchas palabras y muy pocos besos.

Francisco J Navarro
Monterroso, pueblo gallego sin dinosaurios.

Mariano Ramos Mejía
Basta de amargura, contestó la hiel.

José Antonio Cerviño Rodríguez
Epitafio: No tengo prisa; te espero.

jueves, 10 de septiembre de 2009

Aturdido



El reloj de la habitación empezó la cuenta regresiva por cuarta vez. Guillermo abre los ojos, mira al techo que conoce de memoria y, con la resaca de quien sufre una noche trágica, emite un quejido. Copia exacta del de ayer, del de antes de ayer.

Allí está todo igual, nada cambia. El mismo día, la misma tortura, las mismos rostros y brazos que salen de las paredes y tratan de espantarlo todo, de tocarlo todo, de romperlo todo. Paredes de algodón, con sus fantasmas, con sus demonios. Váyanse todos al carajo. No hay forma de salir de ahí, Guillermo está atrapado en un espacio sin puertas ni ventanas. Está totalmente solo con esos seres que lo martirizan, doblándolo, insultándolo, amenazándolo.

Guillermo suda, gime, grita, no puede levantarse. Así pasan las segundos, los minutos, como golpes asesinos en sus sienes. La noche, con su oscuridad, se lo come entero.

El reloj empieza la cuenta regresiva por quinta vez en la clínica de rehabilitación.

lunes, 7 de septiembre de 2009

Abajo, más abajo



Yo era clase media hasta que lo perdí todo: el banco se llevó casa, coche y pertenencias. Mi mujer me abandonó. Joven y hermosa, podía aspirar a alguien mejor que yo.
Sentí que todos me habían tratado como una rata. Así que me convertí en una rata. Cogí un colchón viejo encontrado, un reloj antiguo, y bajé a las cloacas. No hay mucho tiempo que medir, pero en la oscuridad, con la única luz del velón, no hay forma de saber si es de día o de noche.
Ahora tengo mi vivienda de rata. Unos metros cuadrados de cemento donde poner el colchón, rodeado de caños de aguas residuales.
Hace unos días escuché pasos. Pensé que estaba soñando, porque es difícil saber aquí cuándo estás dormido o despierto. ¿Quién podría querer venir acá abajo? Confundido ante la presencia de un hombre que se guiaba por una linterna, no tardé en conocer sus intenciones. Era un inspector municipal que me pedía la cédula de habitabilidad, el informe de salubridad, los contratos de servicios de agua y alumbrado... Me pareció que estaba de broma. Pero no. El funcionario actuaba tan seriamente como lo haría ante cualquier ciudadano. Quizá olvidaba que soy una rata.
Ayer escuché de nuevo pasos. Un cartero me traía unos certificados con sellos oficiales. El Ayuntamiento me daba diez días de plazo para regularizar mi situación.
Y hoy las cosas han llegado aún más lejos de lo que imaginaba. Un inspector de Hacienda vino a evaluar mis ingresos. Según él, debo estar ahorrando mucho dinero viviendo aquí. Y ese dinero producirá intereses que debo liquidar.
Así que mi refugio, aparentemente fuera del alcance de los seres urbanos que habitan allá arriba, se ha convertido en un trasiego de inspectores y recaudadores.
Hoy he decidido trasladarme dos plantas más abajo.

domingo, 6 de septiembre de 2009

Triste contradicción

A veces nos encontramos llenos de un vacío insoportable.